Al tocar la caja, sufro un ataque de realidad que me muestra la cruda y fiel situación por la que he pasado estos meses. Veo en la sala de reuniones un montón de zombis, seres humanos con o yo colgados por las drogas que nos daban a engullir los médicos de la clínica. Voy dando un paseo hasta un espejo y entonces veo mi rostro en él. Soy otro colgado, los ojos metidos en una profunda oscuridad, me revela que no todo ha sido un camino de rosas hasta la puerta de salida, ya me he perdido muchos amaneceres.
Aparto las manos de la caja como si diera electricidad, no es asi, solo he tomado conciencia de la profundidad del sanatorio mental y de la autoprotección del cerebro contra el ambiente hostil, de un sitio al que no quiero volver, diamanda yo tampoco quiero volver.
Jota.